Cuando se lo conté, suspiró: “Menos mal”. No sabía que quería decir con eso, y me quedé con una cara de interrogante. Fran, en vez de responder, optó por enseñarme directamente una imagen de su cámara de fotos. En esa foto se veía un paisaje muy bonito, lo reconocí al instante, era nuestro rincón. Las colinas verdes que inspiraban tranquilidad era lo que se veía a lo lejos. En primer plano, vi algo que, simplemente, no me esperaba. Era Román si, besando a otra chica. Era…. ¿Clara?
No entendía nada. Román… ¿con otra? Pero ¡si supuestamente estaba enamorado de mí! No sabía por qué había pasado todo esto.
Esa tarde con Fran nos dedicamos a cotillear a través del facebook en la vida de Clara. Efectivamente, estaba saliendo con Román.
Al día siguiente, Román estaba en mi casa a las 9 de la noche como un reloj. Iba muy elegante: con corbata y esmoquin. Le pregunté que a dónde iba tan bien trajeado. Y me contestó que tenía reserva para dos en el restaurante más caro de Barcelona. En ese momento, sin pensar, mis labios soltaron una frase que dejó a Román descolocado, sin saber cómo actuar: “Que lo paséis bien, ya le preguntaré a Clara como os lo habéis pasado”. Sus ojos se abrieron como platos, empezó a temblar, intentaba decirme algo disculpándose, pero no logré entender nada de nada. Puse mi mano sobre su hombro, le miré a los ojos y le dije que no pasaba nada que igualmente lo nuestro no llegaba a ninguna parte.
