domingo, 19 de febrero de 2012

CAPITULO 16: LA FELICIDAD VIENE CUANDO MENOS TE LO ESPERAS

Román y yo. Yo y Román. Los dos. Juntos. Me sentía como en una nube cuando me propuso de escaparnos. Él quería que me fuera con él y por supuesto, no le decepcioné. Me llevó a su coche, me puso un pañuelo para taparme la vista. No quería que supiera a donde me llevaba. Arrancó. Al cabo de 15 minutos el motor se paró. No sabía donde estábamos. Román me ayudó a bajar del coche y me sentó en el suelo. Con mis dedos podía tocar hierba mojada. Por fin, me quitó el pañuelo de los ojos y pude ver donde me había llevado. Pude ver un paisaje de lo más hermoso. Era como si lo hubieran sacado de un cuento de hadas. Era perfecto. Colinas verdes con algunas flores de colores que las adornaban. Algunos arboles que las hacían misteriosas. Me quedé maravillada al ver tanta belleza junta. Román dibujó una sonrisa en su rostro, como si ya sabía de antes mi parecer sobre ese lugar. Estuvimos mucho rato mirando el paisaje, los dos, tumbados en el césped. Sin intercambiar palabra alguna. De repente, no sé como, nos giramos los dos a la vez. Nuestros ojos se fijaron en los del otro. Y nuestras mejillas, al menos las mías, se sonrojaron. Se acercó. Se acercó más y más. Hasta que estuvimos hombro con hombro. Labios con labios. Fue genial. Mágico. Tal y como esperaba o mejor. Me acuerdo de la sensación que tuve ese día al llegar a mi casa. Recordé todo el día que había pasado con Román, sus caricias, sus besos, y se me ponía la típica sonrisa tonta de siempre, como si estuviera… ¿enamorada? No sabía si estaba enamorada, o lo que sentía realmente por Román. Solamente sabía que me gustaba estar con él, quería estar con él.

Siempre había escuchado que en la vida no se podía tener todo, pero en ese momento ese mito para mí quedó roto. Pasaban los días, pasábamos la mayoría del tiempo juntos. Nos íbamos a la playa, al campo, a nuestro rincón, o simplemente a dar una vuelta por el pueblo. Todo era perfecto. Román era mi mundo. Lo demás, carecía de importancia. No quería que ese cuento, el nuestro, acabara, pero como dicen por ahí: lo bueno siempre tiene un final, o eso es lo que dicen al menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario