Nunca hubiese pensado que me resultaría tan difícil despedirme de mi instituto, ese centro donde había vivido tantas cosas, tantos momentos... Iba de camino a recoger las notas de la selectividad, cuando noté algo distinto en aquél pasillo. La clase de 3o B tenía una cartulina de color oscuro grapada a la puerta. En la lista de alumnos, al lado del nombre de Ángela, había escrito unas palabras que dejaron bien claro que ella, podía ser mala, pero que como todos, tenía su corazoncito.
"Te has ido, y mi corazón se ha fugado contigo. Nunca te olvidaré. Siempre tuya. Ángela." Después de leer esta dedicatoria, mis ojos estaban llorosos. Estaba sorprendida. Nunca pensé que Ángela hubiese querido en algún momento a Marc de esa forma. Vi que la puerta estaba medio cerrada y silenciosamente intenté abrirla empujándola con la yema de los dedos. En ese momento, en cuanto pude ver la clase entera, la de tercero B, me quedé sin palabras. Las persianas estaban bajadas y las luces apagadas. La clase quedaba iluminada por unas velas que habían puesto de cara a la pizarra que formaban un pequeño altar. Flores, cartas, fotografías, dedicatorias... Yo no era la única que le echaba de menos. Me quedé unos instantes en aquella clase. Recordando todos y cada uno de esos momentos tan geniales que había vivido con Marc.
Estaba dispuesta a irme de aquella clase cuando apareció Carlos. “Dayanna…¿Cómo estás? “ Se acercó a mí, con cara de lamentación, intentando cogerme por la cintura. Me quedé quieta y le contesté con una respuesta seca “Bien”. Me dijo que quería hablar conmigo. Se me hacia raro hablar con él, desde que pasó lo de Marc no habíamos tenido mucho contacto que digamos, de eso ya hacía 6 meses. Al ver que yo no tenía muchas ganas de estar con él, Carlos me dijo de ir a tomar algo al Quibus, un bar de al lado del instituto, y junto con esta propuesta una de sus caras de súplica que dominaba a la perfección. Quedé con Carlos, el próximo viernes por la tarde. Pero cuando yo llegue al bar, no estaba solo. Una chica estaba sentada delante de él. Era Ángela. Me quedé sin saber que decir. ¿Qué hacia Ángela con Carlos? ¿Porqué él quería hablar conmigo delante de ella? Ella al verme me cogió de la mano, me dio dos besos y se disculpó por no haberme avisado de su asistencia. Carlos me miró, me cogió de la cintura, me apartó un poco de la mesa donde estaban y me susurró algo al oído: “Solo quiero que estés bien. Habla con ella.” Su sonrisa me cautivo. Carlos había dejado de ser un creído, chuleta, para ser un tierno y sensible. En fin, Ángela y yo, aunque nos odiábamos un poco la una a la otra, conseguimos estar diez minutos sentadas la una enfrente de la otra sin matarnos. Al minuto 11, la bomba estalló.
-¿Porqué querías hablar conmigo Ángela?
-Nada, nada. Mejor no hablo, no quiero que me mates como hiciste con Marc.
Un silencio reinó en todo el bar. Todas las miradas iban dirigidas a mí. La de Ángela con una sonrisa de malvada que no se aguantaba. Decidí pensar que se había tomado algo, me levanté y me fui a la barra a pagar el café que yo había pedido.
-¿Ya te vas?
-No tengo porqué soportar esto, no sé a qué cuento chino viene.
- ¿No tienes las narices de afrontar las consecuencias de tus hechos? ¿Te crees que podrías matar a Marc y quedarte tan ancha?
Esto fue la gota que colmó el vaso.
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