Busqué trabajo y por suerte lo encontré y no muy lejos de casa. Era en la guardería que fue Isaac. Parte de mi sueldo lo intenté ahorrar para poder decorar la casa a gusto de Isaac y mío. Queríamos pintar, poner cuadros de fotos de Marc y Gloria con nosotros dos claro. Éramos todos una familia unida, aunque Gloria y Marc ya no estuvieran en este mundo.
Isaac y yo pudimos seguir adelante, pero con algo dentro que nos decía: ¿los volveremos a ver?
Intentábamos esconder esta pregunta, para evitar que nos trataran de locos, además que sabíamos que era imposible verlos despiertos. En nuestros sueños siempre aparecían.
El tiempo a partir de esos días pasó muy rápido. cuando pasaba un mes entero parecía que solo hubiera pasado un maldito día con sus 24 horas.
Isaac fue aprobando todos los cursos con muy buenas notas además. Me daba la sensación que cada 10 que sacaba se lo dedicaba a su madre para que ella estuviese orgullosa de él, estuviera donde estuviera.
Mi familia aprendió a aceptar a Isaac, y a la responsabilidad que yo tenía con él. Isaac se dio cuenta de que mi familia era la suya también.
Un día cuando me desperté oí un ruido muy fuerte, como si algo se cayera, parecía una caja con cristal, seguido de unos gritos muy altos. Salí a ver qué pasaba. " ¿Pero está usted loco? ¡Quiere vigilar un poco? ¡Que mis padres se han gastado una fortuna en esta vajilla!"
Estaban de mudanzas. Un chico joven estaba entrando cajas a la casa. Era moreno y no muy alto, a parte tenía un cuerpo un poco ancho, aunque parecía interesante. Luego otro chico salió de la casa, a buscar más cajas y a mirar mal al conductor del camión de la mudanza. Este chico era rubio y alto, era el sueño de cualquier chica hecho realidad. Me di cuenta de la cara de tonta que estaba haciendo yo hacía un buen rato, me dí una colleja en la mejilla y volví dentro de casa.
Esa misma tarde, mientras Isaac estaba en el colegio, sonó el timbre. Abrí la puerta.
- Hola somos los nuevos vecinos de la casa de enfrente. Somos hermanos. Nos llamamos Eloi y Max.
- Ah sí. (se me escapó una sonrisa tonta) Encantada, yo soy Dayanna, vivo con Isaac, que ahora está en la escuela.
- Mmmm madre soltera no? - dijo Max, el moreno de cuerpo ancho, alias: el feo.
- Callate estupido, eso no es asunto nuestro- soltó Eloi, el guapo que me tenía más loca cada segundo que pasaba.
Max se enfadó por la contestación de su hermano y se fue, pensando que Eloi le seguiría pero no fue así.
- Oye no conozco a nadie, ¿te importaría si esta noche vamos a tomar algo por aquí cerca y me enseñas el pueblo?
Me encantó la proposición pero no podía aceptarla por varias razones, a parte de que no lo conocía, la razón con más peso era que tenía que cuidar de Isaac.
- Mejor vente aquí esta noche tomamos algo y charlamos, tengo que cuidar de Isaac. Si se quiere venir tu hermano como quieras. Parecéis majos.
- De acuerdo, a las 10 estoy aquí ¿te parece?
- Genial, hasta la noche.
- Hasta la noche, Dayi.- me guiñó el ojo, pero no de una manera normal, sino de una forma peculiar, que hizo que el tiempo y mi cuerpo se paralizaran a la vez. Mi cabeza y mi cuerpo no estaban seguros de la invitación que mis impulsos y mi boca acababan de hacer a dos extraños.
¿Qué podría salir mal?
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