Después de la escenita con Román, no volví a saber de él en muchísimo tiempo. Y de hecho mi vida cambió por completo. Me centraba tanto en mis estudios que dejé de lado a toda mi gente y a muchos no los he vuelto a ver. Recuerdo que un día recibí un mensaje de Gloria, la madre de Marc y de Isaac: " Dayii, ven cuando puedas por favor".
Nada más ver ese texto me dirigí hacia su casa. Durante todo el camino estuve pensando que pasaba, estaba muy preocupada, demasiado. Al llegar por fin pude saber que ocurría, pero ojalá no hubiera tenido tantas ganas.
Vi a Isaac, que cuando me vio me cogió y parecía que no me soltara nunca, estaba contento, feliz. Me daba esperanzas para creer que era una buena noticia lo que su madre me quería contar. Cuando el pequeño se fue al jardín entré dentro de la casa y ahí la vi a ella.
Gloria no tenia tan buen aspecto: tenia muchas ojeras de no haber dormido en días, iba con la ropa sucia, y parecía que tuviera los ánimos por el suelo.
- Dayii, menos mal que has venido. Te tengo que contar una cosa.
- Gloria, hola, ¿qué pasa? ¿va todo bien?
Gloria empezó a llorar, y en ese momento comprendí que nada iba bien. Ella estaba demasiado cansada y derrumbada como para hablar y contármelo todo, así que la abracé y le dije que se fuera a la cama que descansara y yo cuidaría de Isaac toda la tarde. Ella sonrió, hacía mucho que no la veía sonreír.
Isaac y yo nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores de su casa. Parecía mentira que después de todo el tiempo que había pasado ya después de lo de Marc, todo me seguía recordando a él.
Le echaba de menos, demasiado. Y de hecho aún seguía soñando con él.
Mientras yo pensaba en Marc, Isaac se fue corriendo hacia un montón de gente y empezó a chillar y abrazar a todo el mundo, estaba emocionado. Al fijarme más, vi quien eran: los amigos de Marc. Todos habían cambiado. No me acuerdo muy bien de sus nombres, ni de sus caras, pero cuando me vieron empezaron a susurrar y a mirarme todo el rato. Llamé a Isaac, y seguimos con nuestro paseo.
Empezaba a oscurecer y volvimos a casa de Gloria. Al llegar había una ambulancia en la puerta, y unos médicos que cogían a Gloria y se la llevaban. Teresa, una vecina nos contó que Gloria la había llamado y cuando fue para allá nadie contestó y por eso llamó a los médicos. "Dayanna, bonita, quedate tu con Isaac esta noche, y mañana ve a verla al hospital".
Isaac no paró de llorar, su cara de felicidad desapareció. Cogimos lo necesario de Isaac y me lo llevé a mi casa a pasar la noche. Pasamos una mala noche, tanto Isaac como yo. Y al día siguiente nos despertamos pronto para ir al hospital. ¿Quien me iba a decir que después de ir al hospital mi vida cambiaría por completo?
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